Durante veinte años los sinvergüenzas que hoy se encuentran en el gobierno bloquearon sistemáticamente cualquier cambio en el sistema educacional chileno, que beneficiara a los segmentos más vulnerables de la sociedad. Cualquier medida que implicara una mejora sustancial de la educación pública fue tergiversada y esquilmada por esta manga de mafiosos con corbata y título. Por supuesto, contaron con la complicidad de los gobiernos de la Concertación, que en resumen, siempre terminaron cediendo a esos mentirosos llamados a la unidad nacional o mejor dicho, a la unidad de los intereses corporativos y empresariales.
Durante veinte años estos sinvergüenzas impusieron sus negocios bajo el sempiterno cantito de que están dispuestos al diálogo, de que hay que abandonar la intransigencia y de que no hay que ser ideológicos. Durante veinte años. Pero se les acabó la fiesta, el jolgorio permanente. Ahora han quedado al descubierto. Ahora es posible ver claramente su raíz bursátil y especulativa, gracias a la acción decidida y contestataria de los estudiantes, y porque ahora, ya no cuentan con el escudo de impunidad que les otorgaba a cada metro cuadrado, el rancio ramillete de acomodados concertacionistas.
Por eso, paradójicamente, resultó ser un avance el hecho de que Sebastián Piñera saliera elegido presidente de la República, porque si aquello no hubiera ocurrido, en el actual estado de movilización ciudadana, habríamos tenido que tragarnos una vez más a los oportunistas de la Concertación llamando a la prudencia y prometiendo que la alegría ya viene. Es un dato inobjetable que si no estuviera Piñera y su ralea de pinochetistas gobernando, hace rato que los Girardi, los Lagos Weber, los Andrade habrían estado robando pantalla para recordarnos que ellos quieren lo mejor para Chile, "en la medida de lo posible"; o sea, en la medida que lo quieran los garantes del sistema heredado de la dictadura.
Y así es, lo que estos sinvergüenzas hicieron durante veinte años como oposición, quieren seguirlo repitiendo como gobierno. Todavía creen que su postura amable, su mueca reflexiva y su tono conciliador van a esconder y camuflar su nula disposición a introducir cambios reales al indecente sistema educacional chileno. Y digo nula, porque si algún cándido piensa lo contrario, vamos a tener que abrirle los ojos. A este gobierno, por ejemplo, le importa un pepino que 70 mil estudiantes de las escuelas municipales "pierdan el año escolar", porque nunca ha sido esa su preocupación. Para los representantes de este gobierno, cuyos hijos estudian sin excepción en colegios particulares privados, con el futuro comprado; les da exactamente lo mismo que los "rotos" se jodan uno o dos años, ya que de todas maneras los quieren mantener jodidos, es decir, recibiendo una pésima educación que los lleve sólo a desempeñar el papel de peones de sus intereses creados.
La última salida de madre del alcalde de Providencia lo expresa todo sin tapujos. El ex militar e íntimo colaborador de Pinochet, ha salido a poner en práctica la alternativa que detallé en otro artículo: la alternativa del botón rojo. Esto es: vamos desalojando colegios públicos a punta de chorros de agua y lacrimógenas; no importa si fregamos a padres, profesores, niños y niñas. Vamos cerrando colegios públicos unilateralmente y negando matrículas; no importa si nos fregamos a más del cincuenta por ciento de los alumnos y alumnas. Vamos dando por cerrado el año escolar, aunque no se tenga ninguna atribución legal para adoptar esa medida. Y todo, obviamente, bajo la estricta aprobación del ministerio de educación y del gobierno. Porque no seamos ilusos. A pesar del aparente desmarque oficial, más de alguna autoridad debió estar enterada de la maniobra del ex coronel. En materia de educación pública, ni siquiera en Chicagolandia, un alcalde se manda solo.
Para mayor ahondamiento de la sinvergüencería natural del presente gobierno, resulta que el mismísimo presidente Piñera, en momentos que realizaba una gira por Estados Unidos, particularmente en la ONU y en la ciudad de Boston, lugar donde se encuentra la universidad de Harvard, se da la licencia de aparecer elogiando a los estudiantes chilenos y sus movilizaciones, reafirmando que él quiere transformaciones profundas en la educación pública, y que su gobierno, por cierto, está abierto al diálogo. Ese mismo diálogo que ni por un segundo se le ha ocurrido facilitar en Chile, mediante condiciones mínimas de factibilidad. Cuando un estudiante le recordó precisamente en Boston que él era el presidente que contaba con el peor nivel de aprobación ciudadana en todo el continente americano, Piñera respondió sonriendo que los datos del muchacho no estaban "actualizados". Pues claro, porque el pobre huevón sabe que no deja de caer en las encuestas.
A los secundarios me encomiendo entonces, no a los universitarios, que a estos basta con que les digan que viene el lobo para bajarse los pantalones. Me encomiendo sobre todo a esos 70 mil secundarios que están dispuestos a perder el año, pese a las amenazas de padres, profesores y autoridades de gobierno, con tal de alcanzar un honesto propósito, que más que a ellos culminará por beneficiar a sus hijos. La repitencia masiva y sostenida es la clave. Frente a esa realidad, hasta un gobierno de sinvergüenzas caradura, como el actual, tendrá que sudar mierda.
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