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01/06/11

Crítica de la razón anarquista

"Grrr grrrrr grr grrr grrrrrrrrr ggrrrrgr" : Hulk


No hay alumno que no haya vivido la siguiente contradicción. Según el calendario curricular, existe una asignatura de nombre tan amistoso como temido: filosofía. "¡Vaya, vaya!", "¿Qué será esto de la filosofía?": Exclama y pregunta nuestro estudiante que apenas si frisa los 15 ó 16 años de edad. ¿Amor al saber?, acaso, o, ¿las ideas locas de viejos aburridos? Mientras el sol se ubica nuevamente sobre el horizonte, cientos de confusas interrogantes cruzan por su cerebro. Entremos pues, a la clase de filosofía. Ante nosotros un profesor universitario, un licenciado. Estamos expectantes frente a lo que pronto saldrá de su boca. De lo primero que habla es de Platón, de sus Diálogos y de un viejo inquisitivo llamado Sócrates. Luego hablará con seguridad, de los presocráticos, y de otro viejo, Heráclito, que apenas si alcanza a comprender y que por lo mismo —dice— sus contemporáneos apodaron "el oscuro". Y así continuará, quizás con Parménides o Anaximandro. Todos griegos. Para concluir la mañana evocando a Aristóteles. ¿Esto es la filosofía?... La confirmación de un prejuicio: "las ideas locas de viejos aburridos".
La enseñanza de la filosofía queda reducida así a la exposición de una Historia Oficial, a la descripción somera de sus principales sistemas, de la mano de sus más llamativos representantes. Cada alumno es evaluado por el conocimiento rígido que haya podido lograr sobre esos sistemas. No por un ejercicio práctico y reflexivo de su propio pensamiento. Se evalúa su memoria, simplemente; su capacidad de asimilar fórmulas ajenas y de repetirlas como un loro. Pero nada de esto tiene que ver realmente con la filosofía. Muchos de los grandes filósofos lo han sabido siempre muy bien. Ella constituye, ante todo, una experiencia vital, un descubrimiento y un ejercicio, que puede extenderse desde la más temprana infancia hasta los últimos momentos de la vejez.
En la actualidad, el anarquismo se encuentra frente a un desequilibrio de similares características. La mayor parte del conocimiento anarquista se concentra en el repaso histórico de una supuesta evolución, tanto global como regional, y en el dominio de las principales ideas de lo que podríamos denominar sus "padres fundadores": Proudhon, Kropotkin, Bakunin, Malatesta, etc. etc. Se es propiamente anarquista cuando se conocen de punta a cabo nombres, fechas y conceptos claves. Historia y Prehistoria. El anarquismo "autoconciente y explícito", el de "los jefes", y el anarquismo "instintivo e inconsciente", el de "la manada". Bajo este estrecho paraguas, de consecuencias previsiblemente nefastas, el remate viene dado por la repetición de argumentos abstractos y unilaterales, y por declaraciones estatutarias de principios, ritos y simbologías, que acaban adscribiendo al anarquismo dentro de los hegemónicos "pensamientos ideológicos". Nula diferencia con aquello que el anarquismo dice combatir.
No quiero desmerecer el aporte intelectual y social de todos aquellos personajes, ni rebajar la nobleza intrínseca que pueda tener el anarquismo; pero a mi juicio, sobre todo en el último tiempo, no ha existido una mayor discusión, debate y profundización en materia de contenidos, salvo muy marginales excepciones; sino que tan solo un cúmulo de alabanzas fáciles y de descalificaciones sectarias. Repetición tras repetición. El tinte clasista, por ejemplo, militante, tal cual como se definió a fines del siglo XIX, continúa como una de sus marcas indelebles; así también la tendencia a privilegiar la transformación política y económica por sobre la cultural o integral. Es común escuchar distintas versiones de esa frase maleable, cara a Lenin: "sin teoría revolucionaria no hay movimiento revolucionario", como afirmando que todo debe pasar por un canon autorizado. En su fondo, como en todo pensamiento sistemático, se visualizan las típicas concepciones absolutas sobre la Verdad, la Justicia y la Libertad.
Por lo regular, y a pesar de ser uno de sus conceptos angulares, la libertad en el anarquismo es entendida de una manera bastante ligera y formal; primordialmente como una libertad civil; en circunstancias de que sus implicancias pueden ir muchísimo más allá, en un sentido positivo como negativo. La libertad en el anarquismo debiera ser entendida primero como posibilidad, y tal cual como los taoístas conciben el Tao, aquello que está fuera de las palabras y de las definiciones. El Tao es algo que no se puede alcanzar para siempre o en su totalidad, y que cuando se pretende haberlo hecho ya deja de ser lo que es; ya no es el Tao. Sin embargo, su conquista momentánea, relativa, puede ser intuida y facilitada por distintos medios no prescriptivos, por caminos no impuestos.
El anarquismo se asemeja más a un método variable que a un objetivo fijo. El fin no es organizar la sociedad según los "mandamientos" ácratas; sino según donde nos lleve la búsqueda constante e intransable de esa libertad inasible, tan cercana como lejana. Por lo tanto, a la hora de actuar, un anarquista no puede dejar de considerar ninguna opinión por absurda o inmoral que parezca; a la hora de pensar, ningún sistema puede quedar sin su revisión, hasta los más contradictorios y disparatados. "Comunidad de vida", sí; pero jamás "comunidad de ideas".
En la Crítica de la razón dialéctica, Jean Paul Sartre manifiesta que el marxismo es la filosofía "insuperable" de nuestro tiempo y que "una vez que exista para todos un margen de libertad real, más allá de la producción de la vida, ocupará su lugar una filosofía de la libertad". Este filósofo agrega que no tenemos "ningún medio, ningún instrumento intelectual, ninguna experiencia concreta que nos permita concebir esta libertad ni esta filosofía". Yo no pienso así. Al contrario de lo que concluye Sartre, creo que sí contamos con esos instrumentos y con esas experiencias, pero ellas se encuentran bajo espesas capas de tierra que nosotros mismos nos hemos encargado de acrecentar. El anarquismo constituye, para mí, uno de los preludios de esa filosofía de la libertad. Un preludio, insisto, y no una cosa acabada; un espacio abierto, dinámico y crítico, en donde pueden confluir todos los pensamientos creativos; incluyente, y no excluyente; que no se afirma tanto en lo que es o parece ser, sino esencialmente en lo que puede ser.

9 contradicciones:

Anónimo dijo...

No vas ni pa atrás ni pa adelante con tus rumiadas, ¿cual es el aporte?, soberano rehueón, pídele seis lucas a tu mamá, y anda a huevear a los flippers, caranalga.

maldonado dijo...

Señor Anónimo:

Gracias por su "inteligente" comentario. Ilústreme.
Supongo que si usted sabe qué es ir "pa adelante" o qué es ir "pa atrás", ¿para qué desea que yo le haga un "aporte"?.
Aunque me lo imagino, no sé por qué los superconcientes y siemprelistos como usted, me piden semejantes consejos. Parecen corderitos sedientos de tetita o... de otra cosita. Dejémoslo hasta ahí.
Para que usted sepa, mis extraordinarios y sobrehumanos escritos van dirigidos a personas libres, no a jotes implúmedos del cuaternario. Y digo cuaternario, porque, en nuestra época ciber informática virtual, no se necesita ir a un flipper para pasarlo chancho. Es más, puedo recomendarle algunos juegos on-line muy buenos si así lo desea.

Un abrazo

Jorge A. Gómez Arismendi dijo...

El concepto anarquismo y con ello el de acracia, han sido mal entendidos por varios decenios.

Y eso se ha dado entre los mismos anarquistas y entre sus muchas veces ignorantes seguidores. Como dice Rothbard: "no hay significado consensuado para la palabra “anarquismo”. La persona promedio puede pensar que sabe lo que significa, sobre todo que es malo, pero en realidad no lo sabe".

Todo eso ha hecho un mal al credo libertario, entendido como la búsqueda de mayor libertad para las personas, es decir, mayor libertad individual. Sobre todo porque ha predominado el mal llamado "anarquismo comunista".

En esa confusión muchos parecen proclamar al Estado como la panacea al mismo tiempo que se oponen al mismo. Una clara incoherencia.

Eso sin mencionar que en muchos casos justifican la violencia contra otros como parte de sus acciones, lo que claramente contraviene a la propia acracia.

No obstante, está el viejo anarquismo individualista, que defiende la autoposesión y por ende la no agresión y el derecho a la propiedad y el comercio libre, que promovían pensadores como Tucker, Thoureau o Spooner. Lejos es más coherente en términos teóricos y prácticos, y sobre todo éticos.

Saludos

maldonado dijo...

Distinguido Jorge:

Por fin una persona que escribe sin alterarse. Bienvenido. Como usted puede ver, en el último tiempo, he tendido a rodearme de gente con demasiadas ganas de juzgar y dictar sentencia.
Agradezco realmente su comentario porque funciona como un perfecto complemento del cósmico escrito posteado por mí. No cabe duda pues que el anarquismo es un verdadero manantial del cual todos y cada uno pueden sacar provecho. Incluso sujetos del cual yo no me confiaría demasiado, como Rothbard y su anarcocapitalismo.
Un par de observaciones. No sé si será reflejo de su pensamiento, pero constato una linealidad bastante marcada en el contenido de su comentario, con clasificaciones y subclasificaciones. Lo contrario y lo incoherente además parecieran tener unos límites bastante precisos para usted, aun cuando, desde mi punto de vista, el anarquismo debería estar presto a incorporarlos. Por supuesto, no se trata de suprimir esos límites, sino de hacerlos más permeables, con el fin de no transformarnos en los defensores o detractores de una nueva verdad, cualquiera que esta sea. Por ejemplo, aunque yo no soy devoto de Malcolm X y en circunstancias de que él mismo se encuentra bastante lejos del anarquismo, pienso que esa frase suya sobre que la violencia, cuando es en legítima defensa, es inteligencia, constituye una reflexión que vale la pena tener en cuenta. De ese modo, es posible entender que cualquier intento de autogestión, supone también una necesidad de autodefensa, la cual, en determinados casos, podría muy bien justificar la violencia.
A mí me gusta mucho el siguiente planteamiento de Feyerabend, el que de alguna manera se relaciona con lo dicho. Se lo transcribo in extenso:
"Yo quisiera considerar un punto de vista distinto, en donde el mal es parte de la vida, lo mismo que es parte de la creación. Uno no lo verá con agrado, pero tampoco nos vamos a contentar con reacciones infantiles. Uno lo delimita, pero lo deja persistir en su dominio. Porque nadie puede decir cuánto bien contiene todavía, y hasta qué punto la existencia precisamente de la más insignificante cosa buena está ligada a los crímenes más grandes".
Estoy claro en que este tipo de reflexiones pueden alejarse del tronco anarquista más duro, en especial de una práctica anarquista; pero creo que le dan un training constructivo a todo aquel que se atreve a someterse a ellas. Vale.

Jorge A. Gómez Arismendi dijo...

Estimado Maldonado: Un detalle no menor. El llamado credo libertario, basado en el axioma de no agresión -basada a la vez en el reconocimiento de la autoposesión de cada individuo- plantea que la legítima defensa es tal cuando existe agresión o amenaza a la persona o su propiedad.

No obstante, el mismo credo establece que esa legítima defensa no se justifica por temores remotos, ni menos de manera masiva (como guerras preventivas, invasiones, o asesinatos masivos).

A partir de eso, cualquier acción violenta sin previa agresión, es coacción (violencia ilegítima), porque nadie tiene derecho alguno a iniciar la violencia contra otros.

Es más, en ese sentido, el credo libertario, no plantea que el axioma de no agresión, de paso a una sociedad pacífica sin criminales y agresores, sino que a una sociedad dónde el uso de la violencia no sea la regla.

Por qué, porque la mayor parte de los problemas se originan en la solicitud, directa o indirecta del uso de la violencia ya sea por mercenarios del rey, el ejército profesional del Estado, etc.

Podemos seguir conversando...Saludos

maldonado dijo...

Mi amigo:

Estamos bastante de acuerdo en lo medular. Habría que afinar más la puntería, en la medida de lo posible, en establecer cuándo existe agresión o amenaza verdadera, lejos de los casos físicos evidentes; ya que me parece que en esto influye, fuertemente, la forma en que percibimos las cosas. A gran escala, no creo que haya mayores divergencias en cuánto a poder determinar los alcances de una legítima defensa sin caer en esos inventos norteamericanos de guerra preventiva, etc, como usted bien menciona. No obstante, a nivel individual el asunto tiende a complicarse. Sin ser dramáticos, podríamos concluir que hasta en la sociedad más perfecta, habrá personas que se sentirán violentadas o amenazadas, a pesar de que un análisis independiente demuestre lo contrario. Obviamente, estoy cierto que esa sensación, en una sociedad en donde la violencia no sea la regla, debería disminuir de manera significativa.

Un gusto nuevamente.

PD: Sus ponderados comentarios me recuerdan a los de don Juan Emar, libertario bloguero, cuyo autoexilio en Washington, y su posterior desvanecimiento de la blogósfera; nos hacen pensar en cuán poderosas son las fauces del imperialismo. ;)

Jorge A. Gómez Arismendi dijo...

Lo invito a mi blog. Saludos

Anónimo dijo...

Don Maldonado:
Leía su blog de pura sapa que soy y me llamaron la atención un par de cosas. Lo primero con respecto a la enseñanza de la filosofía. Por un lado tenemos a los que defienden el “ejercicio intelectual” sin importar sobre qué contenidos, total, la filosofía es una experiencia humana al alcance de todos (de acuerdo, pero hay que hacer un pequeño esfuerzo ¿no?); por otro, aquellos que están a favor del contenido. El problema, creo yo, surge cuando sepultamos la palabra “contenido” bajo una serie de prejuicios: memoria, repetición, etc. ¿No le parece un poco pasado de moda (quiero decir, superado) el viejo dualismo forma-materia? Pareciera que el contenido en filosofía lleva aparejado una comprensión que es parte del ejercicio intelectual que se lleva a cabo en la experiencia de los estudiantes en el aula. En este sentido, claro está, dependerá de la manera en que se enseñe a los viejos dinosaurios que, al parecer, trazaron la carta náutica de la filosofía.
Bueno, lo segundo con respecto a su comentario sobre el anarquismo. Específicamente, se refiere a la falta de discusión, de bate y profundización en torno a los contenidos (un tanto contradictorio con su comentario anterior). Personalmente he intentado acercarme a un par de personas que se dicen anarquistas para informarme al respecto y la coartada ha sido siempre la misma: balbucean un par de palabras y luego se arrancan entre una serie de quehaceres. ¿Qué sucede que tan poca gente quiere hablar del tema? Bueno, por mi parte comienzo a acercarme al tema, así es que por el momento no tengo mucho más que decir.
En fin, terminaba su escrito haciendo referencia a que el anarquismo constituye el espacio de las posibilidades y no de lo que es o parece ser… me pregunto ¿no nos deja ese espacio de posibilidades en la inercia? Es decir, pareciera que usted describe una suerte de hombre-espectador de todo lo que sucede a su alrededor. ¿Cómo lanzarse a la acción si no es desde un punto definido? Es decir, inevitablemente se es- y se deja de ser- dentro de amplio espectro de posibilidades. Entiendo que se quieran evitar principios o finalidades que nos lleven a predeterminar la acción y a tomar decisiones que luego tengamos que lamentar, pero que eso no no nos vaya a llevar a la absoluta falta de posición… bueno, quizás soy demasiado retrograda o quizás falta precisar eso de “espacio abierto, dinámico y crítico”.
Bueno, espero no haberle importunado con mi comentario.
Saludos,
A.

maldonado dijo...

Doña:

Si todos los sapos y sapas fueran como usted, habría que replantearse la inteligencia policial de punta a cabo. Por su agudeza digo. No me mal entienda. Después de esta frase de buena crianza, detengámonos en su comentario. Debo reconocer que no me había dado cuenta de que mi monumental reflexión acerca de la enseñanza de la filosofía podía ser entendida bajo el viejo esquema de forma-materia. Si usted no hubiera hecho esa precisión analítica, quizás ni siquiera nos hubiésemos enterado de que el asunto podía ser entendido así. Gracias. No obstante, usted se engaña en pensar que esa distinción puede ser hecha ahí donde usted la hizo. El ejercicio intelectual del cual hablo, no puede plantearse sin haber pasado siquiera por al menos dos de los viejos locos que pueblan la historia de la filosofía. Por lo menos dos, y lo más opuesto posible uno del otro (y tampoco los más “famosos”, por cierto). A lo que apunto entonces con mi crítica no es a priorizar una cosa u otra, forma o materia, sino a lo que usted misma deja aflorar hacia el final de su primera acotación: el método de enseñanza y/o aprendizaje. El método exclusivamente memorístico es el malo, el método exclusivamente repetitivo es el desequilibrado. Y es este desequilibrio el que me sirve para abordar la realidad actual del anarquismo. En este caso particular, no es que desestime per se los contenidos del anarquismo, sino que, precisamente, lamento la falta de ese ejercicio intelectual. Por supuesto, y usted lo ha intuido, yo no podría ser un anarquista de viejo cuño, porque sencillamente considero que lo móvil es mucho más beneficioso y constructivo que lo inmóvil. Es en ese sentido que digo que el anarquismo constituye para mí un espacio de posibilidades. A renglón seguido, no sé cómo puede desprenderse de aquí, la inercia. Es más, una inercia expectante. Eso depende del sujeto. Si éste desea quedarse mirando cómo pasa la vieja, allá él; pero esa actitud no se desprende necesariamente del espacio en el cual está situado. El espacio es la biblioteca. Usted elige con que libro quedarse, y si se queda embobado mirando los cientos de volúmenes, el problema es usted, no la biblioteca. De lo anterior, se deduce que estoy bastante de acuerdo en que uno debe “lanzarse a la acción” desde un punto definido. Me parece inevitable, pero ese punto debiera ser lo menos predeterminado posible. Es decir, a veces puedo elegirlo, y a veces, puedo dejar que ese punto me elija a mí. Qué tal. Una poética forma de defender y de preservar la espontaneidad… Voy a detenerme aquí, no porque no quisiera seguir precisando mi soberano pensamiento; sino que para impulsarla a que algún día, cuando se sienta sola y aburrida, vuelva a importunarme. Vale.