En reiteradas oportunidades he escuchado la metáfora del ajedrez para referirse a la situación política del país. Suena bien. En este calculador juego, versión abreviada de una guerra, como es sabido, dos contendores se enfrentan y tienen a su disposición una serie de piezas: 16 en total. Uno posee piezas blancas, el otro, negras. El objetivo de este minúsculo enfrentamiento es el llamado "jaque mate", es decir, "encerrar" al rey contrario con tal de que no pueda moverse a ninguna parte y al punto además de que el propio casillero en el que se encuentra quede "amenazado" por una de las piezas enemigas.
Un buen jugador de ajedrez es aquel que sabe cómo mover estas 16 piezas; cuándo debe arriesgarlas y cuándo también debe sacrificarlas. Y esto es así porque en el ajedrez hay piezas que valen más que otras: un peón, por ejemplo, es lo último de lo último porque sólo puede avanzar hacia adelante un casillero, aunque tiene la cualidad de reconvertirse, de transfigurarse y de metamorfosearse una vez que logra llegar al lado contrario del tablero. Así también, un alfil, por su capacidad de movimiento, no vale lo mismo que una torre; aquí, ante una jugada complicada del adversario, más vale perder el alfil que perder la torre.
Podemos decir que este es el marco abstracto en el cual se desarrolla el ajedrez político. Ahora traduzcámoslo.
El enfrentamiento es la razón de ser de esta política; o sea, cómo derroto de manera integral a mi contricante. El blanco y negro, tanto de las piezas como del tablero, es un dato clave para hacernos de manifiesto el reduccionismo de la realidad en el que cae esta política. Soy yo y mi adversario en un universo cerrado, determinado por leyes impuestas desde afuera. Cada jugador es una especie de gran conductor, una especie de "dios en las tinieblas" que le da movimiento a cada una de las piezas. Está claro que las piezas, en esta política, somos los ciudadanos de un país cualquiera, sus instituciones y otras cosas por el estilo; y el gran dios de las tinieblas es el grupo de poder dominante a cada lado; las denominadas vanguardias de intereses corporativos, o, en el peor de los casos, el "estadista", el gran líder de turno.
La significación maligna de las piezas contrarias es un hecho. No tienen ningún valor positivo, puesto que lo único que pretenden es eliminar a mis propias piezas. Deben entonces desaparecer de raíz. La jerarquía dentro de mis piezas, a su vez, es un dato "objetivo": unas valen más que otras. En buenos términos, dentro de esta política, unos ciudadanos valen más que otros; merecen más respeto que otros, más consideración que otros. Dependiendo de las circunstancias, o sea de las jugadas; se puede sacrificar a los de menor valor si eso trae beneficios al objetivo político final: el jaque mate, el reinado de mi rey, la dictadura de la vanguardia a la que se pertenece.
Generalmente, entre los buenos jugadores de ajedrez, la circunstancia final más recurrente es cuando llegan a enfrentarse rey con rey, cada uno con una o dos piezas menores, digamos, alfiles o caballos. Existe aquí, una salida a la imposibilidad de dar el jaque mate, las llamadas "tablas" o el empate. Es interesante resaltar este recurso, propio de la lógica de la guerra: después de haber sacrificado todo, de haber arrasado con todo y con todos, quedan los dos jerarcas frente a frente. Los jerarcas siempre son parásitos, lo cual queda demostrado por el hecho subliminal de que el rey puede moverse tan solo un casillero, igual que el peón, aunque con la ventaja de poder hacerlo para cualquier lado. Decíamos que los dos jerarcas quedan frente a frente, pero qué es lo que hacen en tan extrema circunstancia. No se enfrentan; no llegan a las manos por así decirlo, sino que —horrible sarcasmo— hacen "tablas", firman un armisticio y se termina el asunto. Burla de las burlas. Después de haber liquidado a todos los demás, los dos reyes quedan vivos y ninguno gana. El juego, la guerra, vuelve a comenzar. Más ciudadanos al matadero.
En esta política los verdaderamente estúpidos son quienes han decidido someterse al juego, esperando las "iluminadas" y "salvadoras" maniobras del dios en las tinieblas. Sin embargo, lo realmente estúpido es el ajedrez político. Ese modo que sigue presente en la actualidad con pequeñísimas modificaciones. Hoy tenemos, en uno de los lados, a ese sucio y reaccionario jugador de siempre, bien compacto y muy seguro, ya que arregló de tal modo las piezas y las reglas del juego que está en permanente ventaja. En el otro lado, en tanto, tenemos a muchos grupúsculos que aspiran a ser el gran dios de las tinieblas de este sector, reproduciendo el ajedrez político dentro de su propio sector inclusive. Y ahí están, peleándose como moscas sobre la mierda, disputándose representatividades ínfimas que jamás tendrán. Pero el asunto de fondo es que todos sin excepción siguen jugando al ajedrez político; acomodando y utilizando "sus" piezas; visualizando en el horizonte el anhelado, para unos, y el peligroso, para otros, "cambio en la correlación de fuerzas". Mientras tanto, la gente común, sufre aburrida toda esta asquerosa porquería.
Para evitar malentendidos, si se quiere; yo no le temo al enfrentamiento. Pero si hay alguien o algo a lo cual debemos enfrentarnos insistentemente, sin mezquinos cálculos oportunistas, y con toda la fuerza de aquello que los cristianos llaman alma, es a los que sostienen en este minuto, tanto aquí como allá, el ajedrez político; a aquellos que, aunque sea por medio de buenas palabras y prometedores proyectos, pretenden utilizarnos, dirigirnos o sacrificarnos, negando nuestra autonomía y libertad de acción y de pensamiento personal o grupal. Construyamos el cambio desde abajo; claro que sí; pero desde y entre nosotros mismos, sincera y pacientemente. Descubramos rostros, con nombre y apellido, siempre en reciprocidad, porque sin ella, sin esa trabajosa y doble apertura interna, estaremos condenados a descubrir sólo desprecio e indiferencia.
9 contradicciones:
yo creo que los alfiles se revelan y los pobres peones como siempre...tendrán nombre y apellido?
Me gusto la parte dodne dices ''Los jerarcas siempre son parásitos, lo cual queda demostrado por el hecho subliminal de que el rey puede moverse tan solo un casillero, igual que el peón, aunque con la ventaja de poder hacerlo para cualquier lado''.
Estoy totalemnte de acuerdo, ya que lo unico que hacen estos tipos son manipular al resto y a la hora de los quibos ( o como se escriba jajajaja) los unicos que se salvan son ellos y se pasan por la raja a todos los demas
My Queen:
Por eso digo que una reina no debe perder el tiempo con ningún rey o príncipe...
Pero al final del juego, tanto peones como reyes vuelven a la misma caja.
Estimado don Bornes:
Me parece muy bien que, tratándose de un juego, tanto reyes como peones vuelvan a la misma caja, y la disputa se evapore en el enrarecido aire que respiramos. En donde no me queda claro, digamos, la más que probable potencia de su singular metáfora, es en su aplicación al ajedrez político. Soy todo oídos (o todo ojos, mejor dicho). Gracias.
Don Maldonado:
Si no lo entendió, lamentablemente mis pobres habilidades explicatorias no podrán ayudarle.
Además el ajedrez no ningún juego. Es como decir que la poesía es sólo letras.
Salúd.
Métete las cuatro torres en la raja.
Don Bornes:
Me gustó mucho aquello de que la poesía es más que letras. Yo adoro dicho género literario y su frase denota el profundo respeto que usted le profesa. Sin embargo, el hecho de que su visión poética del ajedrez no pueda ser explicada, significa que estamos frente a un misterio... Es decir: o usted es un charlatán que escribió lo primero que se le vino a la cabeza, sin la capacidad consiguiente de elaborar al menos un verso en prosa; o usted es más que un sabio, contentándose con articular el mensaje que los existencialistas le atribuyen a dios: el silencio.
Gran maestro Gamarra:
Me cagué la risa con tu movida... Fiel a tu bajeza, jamás te atreves a pasar de la apertura vienesa o del contragambito.
Metáforas interesantes (aparte de la dejada en el misterio por Gabriel Bornes):
1) El peón si llega al final del tablero puede transformarse en cualquier pieza (que haya caído, si no me equivoco).
2) La reina es la pieza más útil y versátil.
3) El enroque.
Saludos
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